Una madre soltera deja València por Suiza tras subirle el alquiler de 670 a 900 euros
Ainhoa Martín, de 50 años y con un hijo de 13, abandona la ciudad al no poder asumir la renovación de su contrato de alquiler en la zona de Serrería.

La tensión del mercado del alquiler en la ciudad de València está empujando fuera a vecinos con empleo estable. El caso que ha contado elDiario.es Comunitat Valenciana es el de Ainhoa Martín, madre soltera de un niño de 13 años, que a los 50 años ha decidido marcharse a Suiza porque no puede asumir la subida que le exigían para renovar su contrato.
De 670 a 900 euros
Martín llevaba una década viviendo en un piso de la zona de Serrería, amueblado por ella misma, y abonando puntualmente una renta que se actualizaba cada año conforme al IPC. Hace unos meses, según su relato, la propiedad le avisó de que con la renovación prevista para finales de este año el alquiler pasaría de 670 a 900 euros. Finalmente, le comunicaron que directamente no le renovaban el contrato.
Su interpretación es que los propietarios buscan colocar la vivienda a un precio muy superior, como ya habrían hecho con otro piso del mismo edificio. El problema es que, al buscar alternativa, no encontró nada en condiciones parecidas ni en la capital ni en un radio de 60 kilómetros. Descartó la opción de una habitación compartida con su hijo, y ahí empezó a plantearse salir del país.
Ayudas agotadas y bancos que dicen no
Martín solicitó la ayuda al alquiler del Ayuntamiento de València. Cumplía los requisitos —familia monoparental, discapacidad reconocida tanto en su caso como en el de su hijo, sin patrimonio—, pero no llegó a cobrarla porque, explica, el presupuesto se agotó antes.
Tampoco funcionó la vía de la compra. Recientemente había aprobado una oposición en el área de Atención al Cliente de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana, un movimiento pensado precisamente para reforzar su perfil de cara a una hipoteca. No fue suficiente: «Los bancos salen corriendo cuando dices que eres madre soltera y no tienes patrimonio o respaldo familiar con el que avalar», lamenta.
El desgaste de llegar justa cada mes
La inseguridad residencial acabó teniendo coste físico. Según cuenta, el estrés le provocó un amago de infarto y varias visitas al ambulatorio por crisis de ansiedad. «Vivir constantemente haciendo números, trabajando sin parar, intentando llegar a todo y aun así sentir que no llegas a final de mes genera un desgaste enorme», resume. Insiste en que el problema no es solo económico, sino la sensación de no alcanzar nunca un mínimo de estabilidad por mucho que se trabaje.
«Me siento desahuciada de mi propia ciudad y de mi país», afirma.
Empezar de cero a los 50
La salida implica renunciar a su puesto como técnica de una unidad de apoyo en un centro especial de empleo, dentro de un equipo de psicólogos y trabajadores sociales. Barajó Alemania, donde ya vivió y cuyo idioma conoce, pero se decantó por Suiza por los salarios: calcula que allí el sueldo mínimo ronda los 4.000 euros y un alquiler en Berna se mueve entre 1.800 y 2.000.
El plan es marcharse el año que viene. Su hijo se quedará con la abuela hasta terminar el curso escolar y después se reunirá con ella. Empezará con un workaway —alojamiento y comida a cambio de horas de trabajo, en su caso cuidando tres caballos— mientras prepara el C1 de alemán para encadenar la temporada de esquí en un hotel hasta encontrar empleo en su especialidad.
Pese a todo, asegura estar ilusionada con la nueva etapa, que está documentando en un perfil de Instagram: «Tengo 50 años y me niego a seguir viviendo así el resto de mi vida. Lo triste es que no pueda ser en mi propia ciudad ni en mi país».
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Elaborado a partir de información publicada por elDiario.es Comunitat Valenciana · Fuente primaria: documento original