Los autónomos de la playa de Piles tras la dana Adam: gastos sin poder abrir
Los pequeños negocios de la playa de Piles limpian el barro y hacen inventario de daños mientras siguen pagando alquiler, impuestos y tasas con la persiana bajada.

La playa de Piles, en la Safor, sigue en plena tarea de limpieza después del paso de la dana Adam. Los pocos negocios que resisten abiertos fuera de la temporada de verano se enfrentan ahora a maquinaria inservible, género perdido y una incertidumbre que pesa tanto o más que los daños: nadie sabe cuánto dinero habrá que adelantar ni cuándo llegarán las compensaciones. Lo cuenta Valencia Plaza en un reportaje sobre los autónomos de la zona costera.
Una noche sin cobertura y a 80 kilómetros de distancia
Néstor y Jenny regentan el bar Les Delícies, en primera línea de la playa. La riada les pilló separados: ella se había quedado al frente del local durante el fin de semana y él estaba a unos 80 kilómetros, en la oficina donde trabaja como asesor fiscal y contable, apurando los plazos del tercer trimestre.
Esa noche, la llamada habitual para hacer balance no llegó. "Sobre la una y veinte de la madrugada me di cuenta de que todavía no me había llamado. Intenté contactar con ella, pero ya no había señal: ni WhatsApp ni teléfono", relata Néstor. No consiguieron hablar hasta cerca de las seis de la mañana. Jenny estaba en un primer piso de un edificio de cuatro alturas y, cuando pudo contarle lo que veía desde la ventana, describió accesos anegados, coches afectados y una calle convertida en laguna.
Neveras, horno y cafetera a la basura
Al volver a Piles, el interior del bar era irreconocible. La televisión, la cafetera, las neveras y el horno de cocina engrosan un inventario de daños que todavía hay que cerrar. La primera urgencia fue vaciar los congeladores: la pareja sacó dos coches cargados de comida y la repartió entre los vecinos para que no acabara pudriéndose.
"Ahora el objetivo es limpiar todo lo que podamos y sacar los alimentos que quedan dentro", explica. La rehabilitación vendrá después, cuando sepan qué equipamiento se salva, qué hay que sustituir y cuánto cuesta volver a levantar la persiana. En paralelo arrancarán los trámites con la aseguradora, el Consorcio de Compensación de Seguros y las administraciones.
El local cerrado también cuesta dinero
La preocupación de fondo no es solo material. "El negocio sigue teniendo gastos aunque esté cerrado: el alquiler, la comunidad de propietarios, los impuestos o las licencias de ocupación de la vía pública", enumera Néstor, que por su profesión conoce bien los procedimientos administrativos.
Esa doble condición le da una perspectiva poco común entre los afectados: sabe preparar una solicitud de ayuda sin ayuda externa, pero eso no le quita el miedo a los plazos. "Yo puedo preparar un trámite en una hora, pero después tienes que esperar a que se resuelva. Esa es la incertidumbre", resume. Por eso reclama que las administraciones agilicen la resolución y den prioridad a quien necesita reactivar su actividad cuanto antes. En la comarca, algunas entidades ya han anunciado fórmulas para adelantar sin intereses las ayudas de la dana y reducir esa espera.
El negocio estacional y la casa de detrás
A pocos metros, un establecimiento de comidas para llevar y pollos asados que solo abre en verano afronta un escenario parecido con un matiz: sus propietarios tienen también la vivienda familiar justo detrás del local. Como el negocio ya estaba cerrado, la maquinaria permanecía apagada y desconectada, lo que les da cierta esperanza. "Estaba todo lleno de agua, pero las máquinas estaban apagadas. Esperamos que se sequen bien los motores y veremos si arrancan", cuenta uno de ellos.
En la casa el balance es peor: muebles, camas y pertenencias dañadas. Entre lo que han sacado a secar a la puerta del local hay fotografías y recuerdos familiares. A eso se suman el coche y la moto, que prefieren no arrancar hasta que los revise un profesional: "Prefiero esperar al seguro y que sean ellos quienes lo pongan en marcha en el taller".
Es la estampa que se repite en varias calles de la playa: vehículos con las puertas y los maleteros abiertos para airear los interiores. "Por aquí el agua ha llegado a media rueda, pero más adelante ha cubierto coches enteros. Esos ya no sirven", lamenta. Otros municipios de la costa, como Oliva, con destrozos en la playa y cortes de agua, afrontan estos días tareas muy similares.
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Elaborado a partir de información publicada por Valencia Plaza · Fuente primaria: documento original