Oliva limpia el destrozo de la dana Adam: basura en la playa y cortes de agua
Las urbanizaciones costeras de Oliva achican garajes y retiran enseres tras la mayor tromba en casi 30 años, con negocios que cifran pérdidas de seis cifras.

Las urbanizaciones de primera línea de la playa de Oliva amanecieron este martes en calma después de la tromba de agua que dejó la dana Adam, la peor registrada en el municipio desde las inundaciones de 1987. Con el confinamiento ya levantado y los accesos recuperados, los vecinos volvieron a las botas de agua y la escoba para empezar a sacar barro, enseres y agua de garajes y plantas bajas.
Las comarcas de la Safor y la Marina concentraron lo peor del episodio, con acumulados que llegaron a los 700 litros en poco más de 24 horas, según recoge Las Provincias, que ha recorrido la zona. El balance en la costa de Oliva es de decenas de rescates aéreos y navales, bajos anegados y desperfectos importantes en viviendas, comercios y mobiliario urbano.
Una playa convertida en vertedero
La imagen de la orilla resume la magnitud del temporal: restos de varias embarcaciones, una decena de contenedores arrastrados y reventados, basura esparcida por la arena y amasijos de cañas arrasadas. En el paseo marítimo, junto a la desembocadura de la sequia Mare, parte del mirador quedó casi arrancado y una parada de autobús se desplomó sobre el cauce.
El problema estructural de estos apartamentos es su cota. El casco urbano de Oliva está más alto que la playa, de modo que la zona residencial costera funciona como el fondo de una balsa; el paseo marítimo, a distinta altura, actúa como dique y dificulta que el agua que baja de tierra adentro desagüe hacia el mar. Ese mismo desnivel, en cambio, protege cuando el riesgo llega desde la marea.
Sin agua corriente y con el alcantarillado colapsado
Varios residentes seguían sin suministro de agua corriente. Uno de ellos, un británico afincado en Oliva desde hace 23 años, explicaba que había tenido que cargar garrafas de agua del mar para poder usar el váter. El alcantarillado tampoco acababa de tragar en algunos puntos, con grandes charcos sobre la calzada y rejillas que escupían el flujo desde el subsuelo en lugar de evacuarlo.
Junto al Club Náutico, que salió mejor parado de lo esperado —cañas acumuladas y un socavón en uno de los amarres—, dos bombas de achique trabajaban para vaciar un garaje en el que se estimaban hasta 180.000 litros de agua, a un ritmo de entre 25.000 y 30.000 litros por hora. En las puertas de las casas se repetía la estampa de hace dos años: colchones, muebles inservibles y capós abiertos al sol para intentar salvar los motores.
Negocios a la espera del Consorcio
El tejido comercial también contabiliza daños. El propietario de dos cafeterías del municipio calcula pérdidas superiores a los 100.000 euros en maquinaria, tabiquería y stock. Uno de los locales reabriría esta misma semana; el otro, más dañado, puede tardar meses. Su principal preocupación es el calendario de los peritajes y de los pagos del Consorcio de Compensación de Seguros, de los que depende para reparar.
En un restaurante de la zona entró más de medio metro de agua, aunque sus responsables habían elevado el cableado de electrodomésticos y maquinaria el domingo por la mañana, lo que limitó los destrozos. Al tratarse de temporada baja y trabajar con producto fresco, la pérdida de género fue menor. Todavía no manejan una cifra de daños.
Entre los vecinos se repitió el reconocimiento a los equipos de emergencia, Guardia Civil y UME, y a los avisos previos. El episodio llega a pocos días del segundo aniversario del 29 de octubre de 2024 y se suma a otras reclamaciones en la provincia, como la de los vecinos del norte de Sagunto que piden diques sumergidos. En Oliva, los rescates durante lo peor del temporal dejaron paso ahora a la fase más lenta: la de inventariar, reparar y esperar.
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Elaborado a partir de información publicada por Las Provincias · Comunitat · Fuente primaria: documento original