Paiporta revive el miedo al Poyo con las lluvias a diez días del aniversario
Vecinos de Paiporta describen ansiedad y ganas de huir al ver crecer el cauce de la rambla del Poyo, con bajos aún en obras y el 29-O muy cerca.

El caudal de la rambla del Poyo volvió a crecer este domingo por la mañana y, con él, regresó el miedo a las calles de Paiporta. A diez días del segundo aniversario de la riada del 29 de octubre de 2024, los vecinos que viven junto al barranco describen una mezcla de ansiedad, insomnio y ganas de marcharse cada vez que el cielo se cierra sobre l'Horta Sud. Así lo recoge un reportaje de Las Provincias desde la zona cero.
Una mañana de paraguas y miradas al cauce
Mientras la dana Adam golpeaba con fuerza La Safor y la Marina, Paiporta se quedaba en aviso naranja. Pero el nivel oficial de alerta poco tiene que ver con el que sienten quienes perdieron su casa hace dos años. Varios residentes se acercaron a la pasarela próxima a la estación de metro y a los márgenes del barranco para comprobar con sus propios ojos cómo bajaba el agua.
Nora, de 28 años, vive con sus padres en una planta baja de la calle Literato Azorín, cerca del polideportivo. Reconoce sentir «miedo y nervios» porque esperaba encontrar el cauce más vacío y ya bajaba con bastante agua tras una noche entera de lluvia. Su familia perdió la vivienda, un camión en Aldaia y la empresa de su madre. La casa sigue en obras: le están instalando ahora la cocina.
Gema, de 48 años, se quedó sin hogar aquel día y perdió a una familiar de su pareja. Resume en una frase el estado de ánimo del pueblo: «En un día como hoy te das cuenta de que el daño psicológico persiste». Habla de ansiedad, inquietud y de un impulso muy concreto, el de «querer salir de aquí por si pasa algo otra vez».
El sonido del ES-Alert como detonante
Ainoa, de 30 años, vive en un primer piso al que el agua llegó a tres escalones. Cuenta que al sonar el aviso ES-Alert el sábado sintió «un poco de pánico», porque ese tono quedó asociado para siempre a las horas en que Paiporta ya estaba arrasada. Aun así, intenta racionalizar: cree que la limpieza del barranco y la mejora del alcantarillado en estos dos años harían que un nuevo desbordamiento dejara «solo agua, pero no fango y cañas». El episodio de esta semana obligó a elevar a situación 2 el plan de inundaciones en La Safor.
Alicia, de 31 años, se mudó al municipio después de la riada, a la que acudió como voluntaria. Describe un patrón que se repite en cada episodio de lluvia: hay vecinos de bajos que directamente no se acuestan, y ella misma trasladó su coche a una zona alta del pueblo por precaución. El descampado donde solía aparcar, cuenta, ya estaba anegado.
Obras sin terminar y una placa en la fachada
Junto al Poyo quedan bajos y viviendas todavía en reconstrucción. José Miguel Murcia conserva en su casa una placa de agradecimiento a quienes le ayudaron a levantarla de nuevo. El agua, recuerda, alcanzó cuatro metros de altura, hasta el balcón, y se llevó por delante toda la tabiquería: «Solo quedó un pilar». Su familia decidió seguir viviendo allí. «Tienes que vivir con lo que hay», afirma, antes de señalar que la protección no depende de los vecinos sino de «quien tiene que poner los medios, los políticos».
Otras personas ni siquiera son capaces de hablar cuando se menciona la fecha. Es el caso de Lola, que perdió familiares y zanjó la conversación con un «lo pasé muy mal». La escena se repite cada otoño en l'Horta Sud: las trombas, el ruido del agua camino de la Albufera y una memoria que no termina de cerrarse. El próximo 29 de octubre se cumplen dos años.
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Elaborado a partir de información publicada por Las Provincias · Comunitat · Fuente primaria: documento original