Las cocinas vecinales de la dana sirvieron hasta 18.000 comidas al día en l'Horta Sud
Un informe de Dula Cooperativa cifra en ocho las redes de cocinas colectivas que repartieron comida caliente durante una media de 41 días tras la riada.

La primera respuesta alimentaria tras la riada que arrasó los municipios de l'Horta Sud no llegó solo de la maquinaria oficial. Un informe elaborado por Dula Cooperativa junto a FARO-Universitat de Barcelona, con el apoyo del proyecto europeo Cultivate, documenta cómo una red de cocinas vecinales llegó a servir entre 16.000 y 18.000 raciones diarias de comida fresca en los peores días de la emergencia. La información ha sido avanzada por elDiario.es Comunitat Valenciana.
El estudio bautiza esa estructura como Les cuines de la dana: un entramado informal, pero muy organizado, que se puso en marcha en los primeros días después de la catástrofe y que se mantuvo activo durante una media de 41 días. El periodo se alargó precisamente cuando empezaba a notarse el descenso de voluntarios en las zonas afectadas, el momento en que muchas familias seguían sin cocina utilizable ni suministros.
Quién estaba detrás de los fogones
Los autores identifican al menos ocho experiencias comunitarias con perfiles muy distintos: bares de barrio que reconvirtieron su cocina, comedores ligados a centros sociales, cocineros profesionales que se coordinaron con vecinos y entidades sin ánimo de lucro. En conjunto, movilizaron a unas 150 personas voluntarias cada jornada.
El informe atribuye buena parte de la rapidez de la respuesta a la economía social y al comercio de proximidad, por su conocimiento directo del territorio. También resultó determinante que ya existieran antes estructuras intermedias de agricultores y productores locales capaces de aportar materia prima fresca sin tener que levantar una cadena de suministro desde cero. A eso se sumó el papel de Mercavalència, la empresa pública que funcionó como centro logístico para almacenar y distribuir los alimentos de forma escalonada.
Platos de cuchara, no raciones secas
Más allá del volumen, lo que el estudio pone en valor es la decisión de qué se cocinaba. Frente a la comida precocinada o el reparto de raciones secas, las cocinas apostaron deliberadamente por platos de cuchara, calientes y equilibrados desde el punto de vista nutricional. La prioridad, según recoge el documento, fue “garantizar el derecho a una alimentación sana en medio de un contexto de crisis”.
El reparto se adaptó a la realidad de cada municipio gracias al conocimiento directo de los colectivos más vulnerables de cada barrio, algo que difícilmente podía improvisar un dispositivo externo. Pese al caos de las primeras semanas, las brigadas aplicaron protocolos estrictos de seguridad e higiene alimentaria tanto en la preparación como en el envasado de los menús.
El problema no fue cocinar, fue llegar
El obstáculo común a todas las iniciativas fue el acceso por carretera a los pueblos devastados y la recepción de suministros básicos. La relación con las administraciones locales fue desigual: hubo bloqueos puntuales derivados del colapso de los accesos, pero también acuerdos de colaboración para facilitar el paso de quienes repartían la comida.
De cara al futuro, el informe defiende reforzar la cooperación público-comunitaria antes de que llegue la emergencia, no durante. Entre sus recomendaciones figuran:
- Crear infraestructuras logísticas compartidas que puedan activarse de inmediato.
- Impulsar la compra colectiva de envases para abaratar y agilizar el reparto.
- Articular redes comarcales preparadas para responder ante cualquier nueva emergencia territorial.
La conclusión de fondo es que la capacidad de reacción no se improvisa: dependió de vínculos, locales y proveedores que ya existían en el territorio mucho antes del 29 de octubre.
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Elaborado a partir de información publicada por elDiario.es Comunitat Valenciana · Fuente primaria: documento original